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Antiguos Alumnos

CARMEN ALMÁZAN ABASCAL: MÉDICO DE MEDICINA NATURAL, TERAPIAS REIKY Y BIOMAGNETISMO

 Carta de agradecimiento  de una ex alumna del Colegio y madre de dos alumnos de primaria.

Queridos maestr@s:

 Han pasado muchos años ya desde que entrasteis a mi vida. Entonces fuisteis unas de las personas más influyentes de mi vida y ese influjo permanece. Por eso hoy quería regalaros esta carta de recuerdo o de agradecimiento, lo que prefirais. Es de recuerdo porque vuestra figura no ha desaparecido de mi vida. Y es de agradecimiento porque aún llevo conmigo todo lo que disteis.

 Sé que no todos lo hacen, sé que algunos maestr@s se limitan a recitar el temario acordado. Pero vosotr@s fuisteis más allá y me considero afortunada de haberos tenido como maestr@s. Por ese empeño que poníais en que las cuentas me salieran bien, porque no dejabais que perdiera la confianza en mí, porque siempre me decíais que con un poco más de esfuerzo lo conseguiría todo.

 Tengo que agradeceros que no os limitarais a marcarnos los países en el mapa, que jugáramos con la ortografía para aprenderlo de forma divertida, que nos convencierais de que el inglés no era tan difícil como algunos decían. Y es que nos enseñasteis a pensar de forma diferente, a elaborar nuestro propio criterio, a distinguir los valores importantes de la vida.

 Eso no lo hace cualquier maestro y vosotr@s lo hicisteis. Pero lo que más os agradezco es la confianza que depositasteis en mí. Esa confianza me ha servido durante toda la vida para no caer, para seguir intentándolo. En los momentos de duda, en los tiempos en los que todo iba mal, cuando estaba a punto de tirar la toalla, siempre recordaba vuestra  voz diciendo: tú puedes.

 Gracias, maestr@s.



ELOY INSUNZA

Llegué al Colegio Santa Isabel en la guardería y allí seguí hasta 4º de ESO, el último curso que se imparte, momento en el que todos tenemos que marchar. Estudié durante catorce años en este colegio: muchos profesores, mucho estudio y amigos que van y amigos que vienen de muchas culturas distintas. En él aprendí gran parte de las cosas que sé, desde leer y las tablas de multiplicar hasta la siempre engorrosa sintaxis, las funciones, inglés y francés. Aunque no es sólo una formación en conocimientos, también fueron catorce años de educación en valores. Unos valores cristianos siempre enseñados y nunca impuestos que, se comparta o no la fe, son universales como el respeto, la amistad y la ayuda al desfavorecido. Profesores que se preocupan, que intentan que ningún alumno se quede atrás, me han enseñado a trabajar por lo que quiero y han hecho que sea quién soy hoy. Esto y mucho más ha sido Santa Isabel para mí.